martes, 24 de mayo de 2016

'MAMI, SI TODO VA A SALIR BIEN'

Lo sé. No tengo remedio. Intento organizarme con los blogs pero, a veces, no lo consigo. Recuerdo que casi un año después de mi última entrada en este blog, falleció mi abuelo. Ha sido duro para mí, pues estábamos muy unidos. Al poco de esto, me enteré que estaba embarazada. Realmente, me lo dijeron mis perros, con sus caricias constantes a mi barriga y su manera de olerla, algo inusual en ellos hasta entonces. Era un niño deseado: no buscado, sino encontrado, como me gusta decir.

Desde entonces a ahora, el blog ha estado inactivo. Y hoy, lo reanudo, al menos, para celebrar que Leo cumple su primer año. Me gustaría relatar momentos vividos durante el parto, postparto y crianza.

Cuando era más joven y pensaba en el día en que sería madre, me embargaba una sensación extraña: me costaba imaginarme pariendo y dando de mamar, pues creía que no sería capaz o me daría vergüenza. Ahora, todo es distinto, pues ese miedo a sacar la mujer profunda que había en mí, no existe.


Los meses de embarazo fueron geniales, encontré un gran equilibrio físico y psíquico y los pasé disfrutando de los pequeños momentos: reuniones con mamás, grupos de lactancia, las clases de pilates, talleres o cursos sobre maternidad, lecturas, hipnoparto, cenas y paseos con Marcos, etc. Él me hizo muy llevadera esta etapa, en la que nos unimos más aún y mis perrijos aprovechaban cuando me tumbaba en el sofá, para subirse y acostarse a mi lado, muy muy pegaditos a mí.

El momento del parto fue como debía ser para que yo aprendiese y siguiera confirmando mis preferencias, pero no con el que había soñado estos meses. Fue un parto vaginal, pero no natural al fin y al cabo. Instrumentalizado con kiwi (una ventosa pequeñita), episiotomía más desgarro (siempre que esta se practica, es frecuente este último), maniobra de kristeller (aunque en nuestro plan de parto no la queríamos por no estar recomendada) y epidural en el último momento. Mi recuerdo no es malo, en absoluto, pues estuve conectada con Marcos y mi bebé en todo momento. Si he de reconocer que no era un escenario tranquilo el elegido: el de un hospital con excesivas luces, estudiantes en prácticas y diferentes matronas por los turnos que iban pasando.

Fue el mío un parto largo e intenso, pues sobrellevé  horas y horas de contracciones. Aunque intervinieran, esas horas supusieron un gran aprendizaje para mí. Él necesitaba su tiempo, pero las prisas de los hospitales, a menudo, lo olvidan.

Todo iba bien, Leo no estaba sufriendo y yo aprendí a entender esos dolores, que me acercaban a él como olas, como una marea que sube pero en seguida encuentra la calma. Carmen María me enviaba al móvil audios para ayudarme a sentir y calmar, Marcos me acercaba el teléfono y con los ojos cerrados los escuchaba. Sentía paz. Lo estaba haciendo bien, ¡yo podía¡. Fuera como fuese, todo estaba bien.


Sé que puedo parir sin epidural, que no la necesito y mi única experiencia es que, una vez puesta, mi cuerpo dejó de sentir. Muchas mamás con las que he hablado me dicen: 'si la epidural es lo mejor, no te duele'. Pero sí, el parto duele, ¡claro que duele! pero no es un dolor malo, sino necesario para acercarte a tu hijo. El dolor, según como se mire, llega a ser un bálsamo cuando es tan intenso. Ocurre en muchas ocasiones, en las que creemos que no podemos más, que vamos a desfallecer que, algo innato en nosotros, nos hace sacar más coraje. Eso me ocurría a mí. Tan sólo un momento creí que no podía más, Marcos me miró y vio que hablaba en serio. No era el dolor, sino una de las matronas del turno (pasé por varios) que me estaba poniendo nerviosa. Conseguí volver a mi mundo y conectar con Leo.

Al final, con prácticas que no deseaba, mi hijo nació bien y sano. He de decir que el equipo que me atendió fue muy amable y atento con nosotros. Jamás olvidaré el momento en que colocaron a Leo en mis brazos y nos miraba con los ojos bien abiertos e intensamente. Lloramos de alegría y nos olvidamos del resto. Desde que entré por urgencias hasta que salí el día que nos dieron el alta, di gracias a todo cuanto nos rodeaba, fuera o no fuera de mi agrado, en un primer momento, pues era importante ser agradecido con el entorno que nos acogía.


Tenía claro que iba a amamantar a mi hijo. Cada madre humana y no humana está preparada para hacerlo y yo me había informado mucho. Sin embargo, tuve problemas para comenzar mi lactancia. En el hospital, Leo no se enganchaba bien y a esto ayudó un biberón que sin nuestro consentimiento le dieron a nuestro hijo. Este hecho que parece irrelevante, hizo que lo dejara durmiendo toda la noche siguiente al parto y no tuviera oportunidad de ponérmelo al pecho.

Nos dieron el alta y esas dos semanas siguientes fueron muy duras en cuanto a la lactancia. Pero yo no me rendí tan fácilmente y me prometí que no lo dejaría de intentar, hasta haber agotado todos mis recursos. Necesitaba tiempo para hacerme con ello y para entender las necesidades de mi hijo. Después de esos quince días de sacaleches, biberones para ayudar, tomas larguísimas y dolorosas, conseguí relactar y, poco a poco, las molestias se calmaron. Me ayudó muchísimo el grupo de lactancia 'Lactancia Madre a Madre' de Fuente Álamo, la asociación 'Siempre Contigo' de Torre Pacheco, Rocío (asesora en lactancia), Mayka (mi preciosa matrona), amigas personales y mi chico, que confiaba en mí y me tranquilizaba.


Aunque pasaron meses hasta que el dolor desapareció, el vínculo que se ha creado entre nosotros, es precioso. Ya va a hacer un año que Leo toma el pecho y puedo confirmar que ha sido la experiencia más intensa y bonita vivida hasta ahora. Creo que la clave ha sido el no escuchar ciertos comentarios y disfrutar de los momentos en que Leo mamaba, sin dudar de mis posibilidades y mi capacidad. Escucharme más y creer en las circunstancias, formar un equipo con mi hijo y nuestra familia.

La lactancia me ayudó a sobrellevar los momentos sensibles del postparto, pues me dio seguridad y subió mi autoestima. Creo que las madres que lactamos estamos en la obligación de ayudar y animar a las demás mamás que solicitan nuestra ayuda. No puede ser que aún haya mujeres que crean que no serán capaces de dar el pecho. Es necesario el empoderamiento de la mujer a todos los niveles, pero al materno, sin duda. No es posible que, creencias de años atrás por intereses económicos (véase la llegada del biberón al mundo empresarial o la leche de fórmula), nos alejen de nuestra sabiduría y feminidad.

No digo que los avances no beneficien, pues hay circunstancias que hacen difícil o imposible la lactancia y la ciencia está ahí, pero me niego a creer que una mujer, como tocada por una varita, ha nacido con la suerte de tener buena y mucha leche y otra, no. Aún hoy escucho muchos comentarios que, como mujer, me duelen.

Un año ya, mi león. Llevo unas semanas recordando momentos cercanos a su nacimiento o embarazo y, a continuación, me embarga una sensación tremenda de paz. Mi intuición me dice que es una manera de sanar, así que disfruto al recordarlos.

Un año de inmensa felicidad y cambios. Aunque no puedo evitar pensar si lo estaré haciendo bien o no, creo que la carita de mi hijo habla por sí sola. Es un niño sensible, alegre, seguro, tranquilo, observador y cariñoso. Le encantan los animales y adora jugar con Otto y Yuna. Come más o menos, según prefiera, sin obligarle, y duerme las veces que quiere o en su carricoche (para las siestas) o con nosotros, pues la cuna la tenemos un poco de adorno, para colocar ropa, entre otras cosas, jeje. Otra experiencia muy tierna, el compartir cama con Leo. Muchas veces pienso: 'si ya se subían a la cama Otto y Yuna alguna vez, ¿cómo no hacerlo con un hijo?'.


Felicidades, mi vida, te deseo que sigas viviendo y creciendo rodeado de amor y paz. Que vivas la vida que elijas, siempre con nuestro apoyo y que luches por tus ideales, por tus sentimientos. Sonríe siempre, que hay motivos para hacerlo.

EL MEJOR REGALO DE NUESTRA VIDA

Hoy, ya puedo decir que Leo ha decidido dejar de tomar teta. Tres años y medio. ¿Y qué más da si el tiempo no existe más que en nuestra men...